Roberto Piñón Olivas
La posición de Morena pretendiendo erigir un muro de
integridad y estricto apego a la legalidad que contrasta con los antecedentes
del movimiento, es más una fachada retórica que una práctica genuina e
institucional.
Mientras Morena presume actuar bajo principios de combate a
la corrupción y respeto al estado de derecho, la historia reciente del partido
y de su líder moral, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), es una cronología de
constantes desafíos a las normas jurídicas.
Exige el partido guinda un juicio político contra la
gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, bajo el argumento de que ella
"infringió las leyes nacionales e internacionales", en busca de que
"se respete la ley".
Sin embargo, esta postura choca frontalmente con hechos
documentados donde Morena y AMLO han eludido el cumplimiento normativo de
manera flagrante y descarada.
Ejemplo de ello es el histórico caso de "El
Encino", donde el entonces jefe de Gobierno incurrió en desacato judicial
al ignorar una orden federal de suspender obras en un terreno expropiado, lo
que derivó en su desafuero en 2005.
Morena se presenta como un partido de "gente
honesta" y "trayectoria comprobada", no obstante, los registros
institucionales muestran una realidad distinta en materia de transparencia y
financiamiento.
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
(TEPJF) ratificó una multa de 4.5 millones de pesos contra dicho partido por el
esquema de los "Diezmos de Texcoco", donde se retuvo ilegalmente el
10% del salario a trabajadores municipales para la operación política.
A esto se suman las constantes sentencias del TEPJF
confirmando que, desde las "Mañaneras", el Ejecutivo federal violó
sistemáticamente los principios constitucionales de imparcialidad, neutralidad
y equidad en las contiendas electorales.
Otro punto de quiebre entre el dicho y el hecho es el uso de
decretos para evadir suspensiones judiciales, ya que mientras critica las
acciones de la oposición en Chihuahua por considerarlas "conductas
delictivas", el Gobierno federal ha utilizado decretos de "seguridad
nacional" para continuar obras como el Tren Maya o el AIFA, ignorando
suspensiones definitivas otorgadas por jueces federales.
Esta tendencia a la opacidad y al desacato fue incluso
declarada inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia de la Nación
(SCJN).
Está ahí ardiendo el huachicol fiscal por 600 mil millones
de pesos, frente al cual palidece cualquier escándalo del PRIAN, junto con los
videos de hermanos del prócer recibiendo sendos fajos de billetes en sobres
amarillos.
Esta confrontación de narrativas y el uso selectivo de la
legalidad por parte de Morena para atacar a sus adversarios, mientras minimiza
sus propias faltas, trae a la memoria la frase del fallecido político
chihuahuense Artemio Iglesias, el "filósofo de Rubio".
"A puñaladas iguales, llorar es cobardía".
Morena no puede reclamar el estricto cumplimiento de la ley
en Chihuahua cuando su trayectoria está marcada por el uso de
"acordeones" para inducir el voto judicial, violaciones al proceso
parlamentario en el "Plan B" y una resistencia histórica a someterse
a los controles institucionales que hoy invoca para sus oponentes.
Esperan del adversario la ingenuidad de ternuritas, cuando
han dado muestra hasta el cansancio de una marrullería sin límites, como
mantener un fuero constitucional a un gobernador con licencia o proteger a un
Senador en el cargo. mientras ambos enfrentan orden de detención con base a un
tratado de extradición con Estados Unidos.
O bien, mientras cometen peculado electoral descarado por 1
billón de pesos para fortalecer su base votante cautiva, en las narices de 137
millones de mexicanos, autoridades electorales cooptadas, un poder judicial
colonizado y un ejército comprado.
¿Esperaban operar su marcha con acarreo en la más completa
comodidad? ¿No son ellos quienes maniobran la toma permanente del Zócalo para
que nadie -sin su consentimiento- lo use para expresarse libremente?
Golpean con sus porros, al estilo pandillas de Nueva York.
Unos bloqueos carreteros, unas lonas y una zanja bastaron
para desarticular su excelso plan de desestabilización de fin de semana.
Ternuritas. Ellos marcaron el juego rudo y a él deben atenerse,
en detrimento lamentable de la tolerancia y mínimo estándar de legalidad, que
se ha roto, -no existe más- en retroceso de décadas.