Roberto Piñón Olivas
En la actualidad, México y Estados Unidos no son solo vecinos, sino socios
comerciales inseparables. Estados Unidos es el principal destino de
las exportaciones mexicanas, y México se ha consolidado como el mayor socio
comercial del país vecino.
Sin embargo, esta estrecha conexión económica también significa que
cualquier decisión política en Washington puede sacudir la estabilidad financiera
de millones de hogares mexicanos.
El pilar de esta relación es el T-MEC (Tratado entre México, Estados
Unidos y Canadá), que sustituyó al antiguo TLCAN con el fin de
modernizar las reglas de intercambio.
En 2026, este tratado entra en un proceso de revisión crucial, donde se
discuten temas vitales como las reglas de origen de los productos, la seguridad
de las cadenas de suministro y la necesidad de reducir la dependencia de
componentes provenientes de otras regiones como Asia. Existe una presión constante
por aumentar el contenido local en lo que se produce en Norteamérica para
fortalecer la economía regional.
A pesar de los beneficios del comercio libre, el fantasma del proteccionismo
ha regresado. En años recientes, la amenaza de imponer aranceles del
25% a los productos mexicanos ha sido utilizada como herramienta de
presión para que México endurezca sus políticas migratorias o de seguridad.
Ante estas amenazas, México ha tenido que responder con firmeza, planteando
incluso aranceles de represalia y buscando diversificar sus socios comerciales,
aunque la dependencia de Estados Unidos sigue siendo enorme.
Un componente humano y económico fundamental en esta relación son las remesas.
Millones de mexicanos que viven en Estados Unidos envían dinero a sus familias,
alcanzando en 2024 la cifra récord de 64,745 millones de dólares.
Estos recursos representan una columna financiera esencial para combatir la
pobreza en regiones marginadas de estados como Chiapas, Guerrero y Michoacán.
Recientemente, ha surgido una gran preocupación por la propuesta de un
impuesto del 5% a estos envíos en Estados Unidos, medida que el gobierno
mexicano considera discriminatoria y violatoria de acuerdos fiscales
internacionales.
El futuro económico de ambos países está entrelazado. En 2026, eventos como
el Mundial de Fútbol, organizado conjuntamente, requerirán una coordinación sin
precedentes no solo en seguridad, sino en logística y servicios.
El reto para México es evolucionar hacia una asociación estratégica genuina
que deje atrás las dinámicas de coerción y amenazas comerciales, garantizando
que los beneficios de la integración económica lleguen a todos los sectores de
la población.
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